¿Estamos en las “Puertas del Infierno”?

26/Nov/2012

Caras y Caretas, Carlos Luppi

¿Estamos en las “Puertas del Infierno”?

Conflicto en Medio OrienteCarlos Luppi
Un conflicto que tiene raíces milenarias, involucra tres religiones y a todas las potencias globales, puede convertirse en intercontinental. Una guerra entre Israel e Irán comprometería a EEUU, la Unión Europea, China y Rusia, además del mundo árabe. Lejos del escenario, Uruguay tiene profundas vinculaciones con los dos pueblos, y a su clase política y población divididas en torno al tema.
Uruguay fue el voto decisivo en la sesión de la Organización de Naciones Unidas – ONU del 19 de noviembre de 1947 (la imagen del Holocausto, que causó la muerte horrorosa de seis millones de judíos a manos de los nazis estaba aún fresca en las memorias y retinas), que aprobó la partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, “que convivieran en paz y armonía”. El 14 de mayo de 1948 Israel declaró su independencia lo cual trajo la guerra árabe – israelí de 1948, ya que sus vecinos árabes no aceptaron el plan de la ONU. Desde entonces, el derecho de Israel a existir ha sido puesto en tela de juicio siempre. El voto número 48 y decisivo para crear ambos estados fue emitido por una personalidad descollante de nuestra Historia: Enrique Rodríguez Fabregat, nacido en 1895, maestro, escritor y militante político, ministro de Instrucción Pública de José Batlle y Ordóñez, luchador contra la dictadura de Gabriel Terra, embajador ante las Naciones Unidas, fundador del Frente Amplio en 1971, exiliado político en 1973, y periodista de Prensa Latina que murió pobre, en Buenos Aires en 1976, seis meses después de los asesinatos de Zelmar Michelini –de quien era amigo y fervoroso partidario- Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo de Schroeder, William Whitelaw y Manuel Liberoff, y el intento fallido contra Wilson Ferreira Aldunate. Uruguay e Israel cimentaron desde entonces una alianza que nunca tuvo fisuras, y la Colectividad Judía en nuestro país ha tenido destacada importancia, tanto como para que en el actual gabinete ministerial de José Mujica haya tres ministros judíos: Roberto Kreimerman, Ricardo Ehrlich y Cultura y Daniel Olesker. Del mismo modo, con la apertura que nos caracteriza, tiene también una poderosa e influyente Colectividad Árabe, y la simpatía con el Pueblo Palestino ha sido siempre un sentimiento recurrente en vastos sectores de la población. El uruguayo medio, generalmente de origen europeo, no reconoce diferencias entre sus ancestros y los árabes y judíos que vinieron, casi siempre en la pobreza y el exilio, a poblar esta “tierra purpúrea”.
Una historia de sangre
Es absurdo tratar de analizar el actual conflicto bélico entre Israel y Hamas y la Jihad Islámica –que reiteramos, lleva directamente a una muy largamente buscada guerra con Irán, que seguramente se convertiría en un conflicto global de terrible consecuencias- a partir de los acontecimientos de estas últimas semanas. La guerra entre los radicales árabes –que niegan la existencia de Israel y están dispuestos a exterminar a su pueblo- y de los radicales judíos –que desean una “guerra ejemplarizante al costo que sea”- tiene su origen en 1947. Los muertos, torturados y misiles de ambos bandos son innumerables, y al respecto es bueno citar a Wilson Ferreira Aldunate, quien refiriéndose a este largísimo conflicto decía: “Hay que recordar siempre que los muertos no se compensan, sino que se suman”.
Lo que debe analizarse es cuál es la situación actual, y cuál es la conveniencia de todos, porque si no hay acuerdo no habrá solución
En primer lugar hay que señalar que la existencia de ambas naciones, Israel y la Autoridad Palestina, pequeñas en tamaño, se funda en el Derecho Internacional, lo cual también sucede con Uruguay. Y agregar que ninguna guerra trae necesariamente una solución justa, ya que gana el o los más fuertes, no importa cuánta razón tengan. Lo que la guerra siempre trae es muerte, dolor y miseria. Por lo tanto lo primero es lograr la paz, de interés de ambos bandos. ¿Se están haciendo esfuerzos de paz? La respuesta es claramente negativa, ya que ambas facciones están dominadas por sus fuerzas más radicales, y teñidas de “mesianismo”, o pretenden estarlo.
No habrá paz, entonces, mientras no haya una “tercera fuerza”, ajena a los bandos –y eso incluye a Irán- que intervenga para poner fin a las hostilidades y comenzar una larga negociación para la pacificación definitiva Esa función debería cumplirla la ONU, pero ya hemos visto que su institucionalidad no está a la altura de este desafío.
Esa fuerza, dada la correlación de fuerzas mundiales sólo podría estar en un “consejo de seguridad ad – hoc” formado por representantes de Estados Unidos, China Popular, la Federación Rusa, y la Unión Europea, los dueños del poder real en lo político, económico y militar.
Estas naciones o conjunto de naciones deben obligar a un alto el fuego permanente y articular un estatus para el Pueblo Palestino que le confiera seguridad y desarrollo. También debe asegurar la existencia de Israel, amenazada por gobiernos que niegan el Holocausto y llaman a su exterminio.
Si no se dan estas elementales condiciones, vamos directo a una guerra que, como dijo un portavoz de Hamas, abrirá las “puertas del infierno”, para todos. Para ellos y para nosotros, porque nadie sabe dónde terminarán de caer las nubes radiactivas si las naciones que deben imponer la paz entran también en guerra, llevadas por la dinámica de los acontecimientos.
¿Que este razonamiento tan simple parece lineal y utópico? Puede ser, pero es el único camino. La Civilización y la convivencia y el desarrollo son utopías y trabajo de todos los días. Este camino acaso sea el único que impida que entremos todos, también nosotros y nuestros hijos, en “las puertas del infierno”.